Tierra y libertad.

Tocó a Emiliano Zapata, entonces niño de nueve años, presenciar este criminal y estúpido atropello. De aquí nació la conocida anécdota que cuenta cómo Emiliano presintió su destino histórico. Viendo a su padre llorar de rabia ante el monstruoso atropello, preguntó:

-Papá, ¿por qué llora? -Porque nos quitan las tierras. -Pues cuando yo sea grande, haré que las devuelvan.

 

A pesar de la miseria en que viven esos campesinos, jamás han accedido a vender nada. Lo conservan celosamente, pero lo cederían gustosos al museo siempre que se instalara allí mismo, donde ellos pudieran hacer guardia permanente. Con su maravilloso instinto han comprendido que llevar esos objetos a un museo de la capital de la República equivaldría a convertir la bandera zapatista en un trasto viejo, en una empolvada reliquia histórica.

Y para aquellas gentes, el zapatismo no es una bandera de ayer, ni siquiera de hoy; es la bandera de mañana. Y siguien esperando el regreso de Zapata.

“ZAPATA: SU PUEBLO Y SUS HIJOS” Por Mario Gill

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