Cuerpos indómitos, sadomasoquismo y cibersexo

(FRAGMENTO)

 

 

Cibersexo: ¿descorporización del placer?
A lo largo del siglo XX hemos sido testigos del emergente dominio de la técnica5, la
tecnología se ha asentado en las bases de la comunicación y el sujeto ha adquirido
nuevas formas de relacionarse con el mundo en general y con sus semejantes en
particular. La sexualidad como modo de relacionarse no puede hacer sino explorar las
posibilidades que le abre el mundo de la tecnología: “conforme la humanidad crea
nuevas invenciones, las personas encuentran formas de erotizar la nueva tecnología”6.
Sin embargo, parece que esta búsqueda no es exclusiva de la tecnología disponible, como dice Miranda7 existen “dos aspectos inherentes al ser humano, su
aspiración al placer erótico y la diversidad de formas en que éste puede manifestarse”.
Dicha tecnología nos ofrece posibilidades nunca antes imaginadas, multiplicándose en
el cibersexo las potencialidades como acto preformativo del sadomasoquismo.
El hecho de que en Internet sea posible ocultar la identidad, alterarla, transmutarla o
diversificarla, puede tener un gran efecto en las expresiones sexuales. La sensación de
libertad crece unida a un mayor deseo de experimentar y resulta más sencillo abrirse a
las otras personas/usuarios. La descorporización conlleva un dejar a un lado nuestros
roles unidos a un cuerpo negando todo esencialismo al despojarnos de nuestras
identidades y orientaciones sexuales para vestirnos con varias de ellas incluso al mismo
tiempo. Estamos hablando prácticamente de identidades incorpóreas; y ello implica un
volver a pensarlo todo.
Es por ello por lo que la comunicación a través de Internet proporciona un nuevo
espacio lúdico para la vivencia de sensaciones no experimentadas con anterioridad, un
espacio virtual en el cual se construyen, crean, interpretan, recrean, y destruyen mitos y
tabúes.
Desprovistos de nuestro cuerpo, repensarlo todo, como decíamos, es tan necesario
como inevitable; pues el cuerpo es objeto de los discursos que lo definen, delimitan y
coartan. Por ello, cuando nos descorporeizamos, dejamos con el cuerpo gran parte de los
prejuicios y las categorizaciones que éste arrastraba, dando lugar a una verdadera
posibilidad de reconstruirse y con ello a la sexualidad libre que pretendemos.
A través de internet podemos reconstruirnos, inventarnos uno y varios cuerpos, pero
no sólo en el espacio virtual se da este fenómeno, puesto que la introducción de
artificios, de aparatos como son los denominados high tech [alta tecnología], supone la
posibilidad física de reconstruir nuestros cuerpos a partir de su prolongación tecnológica
dando lugar a nuevas formas de subjetividad y de relación social entre los sujetos y a
nuevas posibilidades que formen parte de una sexualidad más variada.
Concebimos el cibersexo como una combinación de realidad y virtualidad. Tiene
elementos de virtualidad ya que no se da en un lugar físico concreto y la imaginación
juega un papel importante del proceso, sin embargo también tiene elementos de realidad orgánica; los que ofrece la eyaculación, por ejemplo. Si en un acto sexual el orgasmo, entendido vana y generalmente como la culminación de dicho acto, sería su principal autentificación, ¿hay cibersexo sin orgasmo? y ¿cuánto tiene de masturbación el
cibersexo?

En la masturbación individual el orgasmo es, por decirlo de algún modo, producto
de una entelequia, pues el otro sólo aparece dibujado, imaginado. No así en el cibersexo,
pues en el cibersexo el otro está al otro lado, aunque no podamos verlo, tocarlo,
verificarlo; eso no es necesario, se puede prescindir del cuerpo del otro, incluso de la
mera visualización del mismo, y sin embargo se posee al otro durante unos instantes, se
intercambia con él, se construye con él, a través de la tecnología. Tanto o más a través
de la tecnología que de nuestros cuerpos, ya que uno puede practicar cibersexo sin
alcanzar el orgasmo físico, sin llegar a la masturbación, y sentirse satisfecho de lo que
obtiene mediante órganos que no son tales sino extensiones mecánicas de su ser: la
webcam, el altavoz, el teclado etc.
Para muchos el cibersexo no tiene que ver con realizar sexo sino que se enfoca más
bien como un tipo de pornografía o quizás un medio rápido y fácil para adquirir material
porno amateur. Pero para otros, la distancia y el anonimato funcionan como un fuerte
estímulo sexual que despierta sus fantasías más profundas y les provoca experiencias
placenteras más allá del onanismo. La experiencia no solo provee satisfacción sexual, si
no que permite un escape mental subjetivo conseguido a través del desarrollo de una
experiencia fantasiosa online en la cual se puede adoptar una identidad libre, maleable,
sin tabúes.
En el contexto anónimo del ciberespacio, se prescinde de los mensajes
convencionales acerca del sexo permitiendo a los usuarios interpretar fantasías ocultas o
reprimidas. Así, la persona que no se atreve a practicar sadomasoquismo normalmente
pero le atrae la idea de hacerlo, puede desarrollar sus fantasías a través de una relación
virtual.
Sin duda, tecnología y sexualidad han establecido lazos estrechos. Ahora bien, la
realidad virtual tampoco es un caos en el que “todo vale”, para muestra el espacio online
curiosamente llamado “Second Life”, tan de moda estos últimos meses y tan parecido a
la sociedad actual real. En Second Life, un enorme salón de Chat que permite configurar
a tu/s avatar/es como personajes reales e interactuar con otras personas a través de sus propios avatares8, puedes incluso llevar a tu avatar de compras por la red, acudir a
restaurantes, etc. Todo eso y más navegando por un espacio virtual concreto y con toda
la libertad que permite crear, alterar o borrar nuestro personaje cuando queramos. Sin
embargo, toda esta libertad queda reducida a mera potencialidad pues en los posibles
mundos virtuales, y reiteramos que Second Life es un buen ejemplo, tendemos a
adecuarnos a los cánones preestablecidos en la vida real.
Así que la tecnología nos parece que supone una ampliación del cuerpo capaz de
sortear sus limitaciones incluso tomando la realidad como modelo para los mundos
virtuales, incluso creando una “segunda vida” en la que uno viva experiencias
inimaginables en su cotidianidad. El cibersexo, como una de las experiencias virtuales
más deseadas, contribuye a desafiar los entendidos convencionales de las categorías que
ordenan nuestra vida y nuestros cuerpos.
Conclusión:
En primer lugar nos gustaría destacar las similitudes que hemos venido notando
entre sadomasoquismo y cibersexo. En ambas se da un juego de identidades o roles
sexuales que refuta el esencialismo que atribuía esos roles a uno u otro sexo, ya que al
quitarnos nuestra habitual máscara para cambiarla por otra u otras y seguir haciéndolo
constantemente, los roles que se nos adscriben se muestran tan prescindibles como
cualquier rol adoptado en el acto sexual. Sadomasoquismo y cibersexo son dos caras de
la misma moneda. En ambos hay un juego de identidades, en ambos se produce la
mascarada que muestra el artificio de las categorizaciones sexuales, mostrándonoslo
como lo que realmente es, algo artificial que se nos agrega, como una prótesis.
En segundo lugar, aunque en este caso es más evidente en el cibersexo, hay una
íntima relación con la tecnología, con el empleo de objetos no biológicos y por lo tanto
extraños a nuestro cuerpo en el acto sexual. Mostrándonos por tanto esta nueva prótesis
no biológica como una extensión nuestra que también puede ser erotizada. Pues al fin y
al cabo en que consiste la tecnología sino en una extensión de nosotros mismos: toda la
tecnología es un intento de ampliación de nosotros mismos, cuando se habla de la
tecnología en oposición a lo humano se comete un grave error, toda la tecnología es humana. Y por tanto Las actividades sexuales que se sirven de la tecnología están
erotizando, humanizando esa tecnología, es una performatividad que muestra la falsedad
de la dicotomía artificial/natural. Que nos desvela, ya no lo que afirma Haraway de que
todos somos ciborgs, sino en un paso más, que la tecnología es humana.
Ambas prácticas muestran, en primer lugar, que no hay identidades sexuales
naturales y artificiales sino que todo es artificialidad (en el sentido de que cualquier
categorización sexual es cultural) mediante el juego de roles e identidades sexuales, y
en segundo lugar, que no hay una línea que separe lo humano de la máquina (artificial),
en tanto que todo humano es ya un ciborg y que toda tecnología en tanto que creada por
el hombre (como una extensión de si mismo) es en si humana, mediante el empleo y
erotización de la tecnología en las relaciones sexuales citadas. Por esta doble vía, ambas
prácticas rompen la dicotomía artificial/natural en la que se sustentaban los discursos
normativos sobre la sexualidad. Por tanto, cuando negamos la falsa dicotomía
artificial/natural a la hora de categorizar la sexualidad, nos abrimos a la posibilidad de
trascender los discursos normativos. Si no hay unas prácticas naturales, cualquier
práctica sexual mutuamente consentida, sería válida.
La figura del cyborg permite reinterpretar los conceptos de natural o artificial
cuestionando la fementida separación naturaleza/cultura. De este modo las nuevas
tecnologías hacen ambigua la idea de la diferencia entre lo natural y lo artificial, la
mente y el cuerpo, mostrándonos, como hace Haraway, que todos somos cyborgs, con
implantes y prótesis o no, pues en el ámbito de lo humano todo es artificial. La misma
idea de orientación sexual no es más que el resultado de una construcción. Socialidad
como artificio y persona como máscara son los polos de creatividad moral que
proponemos.
Por todo ello defendemos el valor del sadomasoquismo y el cibersexo como
prácticas preformativas que quiebran la falsa dicotomía natural/artificial.

Eurídice Cabañes Martínez (Universidad de Valencia)

Marisol Salanova Burguera (Universidad de Valencia)

Bibliografía:
Fausto-Sterling, A.: Cuerpos sexuados, Melusina, Barcelona, 2006.
Foucault, M.: Historia de la sexualidad: vol. 1 La voluntad de saber, Siglo XXI,
Madrid, 1980.
Haraway, D.: Ciencia, cyborgs y mujeres, Cátedra, Madrid, 1996.
Miranda, R.: Identidad Erótica: Las dimensiones personales. Antología de la
Sexualidad Humana. Porrúa, México, 1994.
Mains, G.: Urban Aboriginals: A celebration of leathersexuality, Gay Sunshine Press,
San Francisco, 1984.
Sánchez Durá, N.: “Rojo sangre, gris de máquina. Ernst Jünger y la inscripción técnica
de un mundo peligroso” en Jünger, E.: El mundo transformado seguido de El instante
peligroso, Pre-Textos, Valencia, 2005.
Starobinski, J.: Razones del cuerpo, Cuatro Ediciones, Valladolid, 1999.
Tsang, D.: Notes on QueerN Asian Virtual Sex. En David Bell y Barbara Kennedy (Eds.)
The Cybercultures Reader. Routledge, E.U.A, 2000

FUENTE: Fragmento del texto hallado en la web, y guardado en mi biblioteca. Las autoras estan nombradas al pie del  texto.

http://euridicecabanes.es.tl/Cuerpos-ind%F3mitos.htm

 

 

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