Un estudio sobre el masoquismo (Fragmento)

…Francisco Traver


tra de las características esenciales del masoquismo: su capacidad de subversión y la búsqueda de autolimitación no impuesta: abdicar de la libertad nos hace libres. ¿No sería subversiva una mujer que en la época actual se declarara públicamente masoquista, en una campaña de “outing” (tal y como hacen periódicamente los homosexuales) aceptando de buen grado su esclavitud sexual, frente a un amo todopoderoso, que la utiliza sexualmente a su libre conveniencia? Desde luego, a condición de que esa mujer sea simultaneamente a eso libre, (tal y como lo entendemos en Occidente) es decir, competente e independiente. Me parece que ese tipo de mujer, sería desde luego, más transgresora, creativa y subversiva que todas las muécas anoréxicas que pululan por las consultas de los psiquiatras de este final de siglo, o de las amas de casa que publicitan en televisión su privacidad más abyecta, sin embargo es obvio que resutaría políticamente incorrecta, al menos para las que creen y luchan por la igualdad femenina. Esta especie de antítesis de Aly McBeal resultaría chocante y transgresora. La mujer sumisa combativa escandalizaría y sería declarada la enemiga viviente del feminismo. Igual sucedería con los hombres que hicieran algo así. ¿No es subversivo un juez, un general, un almirante, un gran poeta que paga a una prostituta para que le flagele, le cabalgue y le humille? ¿Alguien es incapaz de ver el desorden que el juego masoquista propicia en la distribución social del poder? Sólo aquellos que no tienen humor podrían no esbozar una sonrisa.
Lo que parece ser intolerable para el hombre es la imposibilidad de oponerse a algo, la falta de prohibición. Una educación indulgente y permisiva, la ausencia de trincheras donde refugiarse y un enemigo visible contra el que poder confrontarse. La falta de pecados que cometer por los que hacerse castigar y perdonar, la imposibilidad de renacer. Tener demasiado y demasiado placer es intolerable, si al mismo tiempo no existe una contraprestación social que pueda ser transgredida.
Paradójicamente, los discursos liberadores del hombre lo esclavizan todavía más al yugo de lo amorfo e insustancial, ignorando o soslayando que el sufrimiento es inevitable, y que los discursos terapéuticos parecen agotados. Los discursos de la liberación de la mujer, por ejemplo, no hacen sino añadir nuevas presiones a su imaginario con un doble turno y un jornada agotadores. Algunas, retroceden ante ese peso, otras enferman psicosomáticamente, algunas voces feministas están empezando a plantearse qué orden es exactamente el del enemigo. Pues una vez conquistado un derecho, ¿cómo haremos para eludir el deber de ejercerlo? ¿Cómo evitar que la conquista de un derecho se convierta en prescripción?
………………………………………………………………………………..(Fragmento de “Un estudio sobre el masoquismo “, de F. Traver).

 

FUENTE: Un estudio sobre el masoquismo

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