La historia secreta del masoquismo

El Masoquismo

A lo largo de la historia siempre han existido en la sociedad personas masoquistas. Hubo que esperar, no obstante, hasta el siglo XIX y los escritos de Sacher-Masoch para descubrir toda su importancia en la sexualidad humana. Se define el masoquismo como la conducta sexual en la que se obtiene la excitación y la satisfacción sexual a través del propio dolor físico o psíquico, la humillación, la dominación y el sometimiento.

Antecedentes históricos del masoquismo

El masoquismo es un tema del que se hablaba muy poco hasta finales del siglo XIX. A nuestros contemporáneos de esa época, donde reinaba el romanticismo y el puritanismo, no les resultaba fácil aceptar la existencia de personas que no pueden sentir placer si no es mediante el sufrimiento. Poco se sabía de estas prácticas, hasta la llegada de Sacher-Masoch. Actualmente y gracias al cine y a los medios audiovisuales la figura del masoquista ha ganado protagonismo e incluso ha despuntado en forma de best sellers en los estantes de las librerías y en las carteleras de los cines.

El barón Léopold Von Sacher-Masoch, nacido en 1836, no tenía desde luego una visión muy romántica del amor. Fue, sin embargo, gracias a sus libros como hemos podido categorizar y entender esta nueva forma de erotismo denominada masoquismo. En realidad esta práctica, muy extendida en el mundo entero, siempre ha formado parte de las costumbres y del comportamiento de la gran mayoría (aunque en grados diversos), pero antes de Masoch no se sabía verdaderamente en qué consistía ni tampoco cuáles eran sus características. El varón Sacher-Masoch reveló, en varias de sus obras, las características de esta tendencia. En efecto, sus libros reflejaban sin ocultar nada, los fantasmas masoquistas de los héroes en ellos descritos.

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Léopold Von Sacher-Masoch

La publicación en 1980 de sus novelas “La Venus de las pieles” y “La mujer divorciada” donde narra sus aventuras amorosas con Fanny von Pistor y Anna von Kottoviz, supuso un escándalo notable para la sociedad de su época. En 1986 se acuño por primera vez el término “masoquismo” a raíz de la latinización de su apellido Masoch, en la obra “Psicopatía sexual” publicada por Kraft-Ebing. El término masoquismo aparece vinculado a una serie de actividades y conductas eróticas perversas. Aunque Masoch negó categóricamente esas conductas perversas, su nombre quedó ligado de forma definitiva al masoquismo.

Los títulos de sus libros ya son sorprendentemente explícitos: “La Venus de las pieles”, “Los caballeros azotados”… Para él, el amor es una lucha constante entre los dos sexos. No encuentra el equilibrio más que mediante unos compromisos degradantes. Escribía Masoch en “La Venus de las pieles”: “Siento una atracción singular por el sufrimiento, la tiranía y la crueldad. Por encima de todo, lo que más estimula mi pasión es la infidelidad de una mujer hermosa”.

Las aficiones eróticas de Masoch

Son ya conocidas sus aficiones eróticas, donde gustaba hacerse la víctima, ser perseguido y cazado por una bella mujer, cubierta de pieles y con un látigo en la mano, que lo ataba, azotaba e infringía castigos, humillaciones y dolor físico.

Masoch se inspiraba en realidad en sus propias tendencias para escribir sus libros. Su primera mujer (tuvo tres), publicó un libro en el que describía todas las manifestaciones de perversidad de su marido. Afirmaba que Sacher-Masoch era un esclavo servicial, un perro que adoraba las pieles y exigía a sus mujeres que se las pusieran lo más a menudo posible, sobre todo, cuando éstas se mostraban crueles. Hacía unos contratos de matrimonio bastante especiales con sus mujeres: se comprometía a ser su esclavo y a obedecer todos sus caprichos durante seis meses. Sus esposas podían golpearlo sin medida. Murió en 1895 de un ataque cardiaco. Dicen los que le rodeaban que sus últimas palabras fueron “Aimez moi”.

El masoquismo del marqués de Sade

Sache Masoch no ha sido, sin embargo, el único que ha escrito historias masoquistas. El marqués de Sade, que dio su nombre al sadismo, publicó su obra “Justine” donde ofrece  a una joven inocente como víctima masoquista para los innombrables sádicos que poblaban sus libros. Este cruel libertino había sufrido 30 años de encarcelamiento sucesivos y persecuciones judiciales por desenfreno y crueldad. Tenemos, también, la “Historia de O”, en la que la heroína se somete completamente a la voluntad de su amante.

Más próximo a nosotros, encontramos esta tendencia masoquista en La Cenicienta, una de las heroínas de nuestros cuentos infantiles. La Cenicienta es, efectivamente, el tipo de víctima “aguantalotodo”. Sufre los golpes de sus hermanastras y de su madrastra sin una queja, siempre con una sonrisa resignada. Si bien no es verdaderamente una masoquista en el terreno sexual tiene, en cualquier caso, la actitud moral del masoquista.

mujer zapato tacon hombre

Las categorías del masoquismo

Se pueden distinguir, en efecto, dos categorías de masoquistas. En la primera categoría, de orientación sexual, el masoquista no puede sentir placer más que en un estado de inferioridad, humillación y sufrimiento. Intenta identificarse como esclavo o servidor de la persona amada y degradarse por ella.

La segunda categoría, en la que se incluye el caso de Cenicienta, es la de los masoquistas morales. Estos sienten una necesidad de castigo y buscan, de modo inconsciente, la frustración y la injusticia. Se niegan a gozar de la vida y siempre son víctimas de algo. Es el caso más corriente de masoquismo: está muy presente en la sociedad occidental. Existen diversas teorías, enfrentadas entre sí, sobre el origen del masoquismo. Freud afirmaba que es la manifestación del instinto de muerte. Para él, el masoquista es un sádico que se vuelve contra sí mismo. Más recientemente, ciertos investigadores han lanzado la hipótesis, según la cual, sería el sadismo de la persona amada lo que transforma al sujeto en masoquista. Efectivamente, la actitud tradicional de los padres de “castigar por cariño” llevaría al niño, en su vida futura, a buscar en el ser amado la persona que pueda castigarle. Si los padres sólo le ofrecían amor o le prestaban atención cuando le castigaban, el niño tendrá siempre la tendencia a unir ambos fenómenos. “Te castigo por tu bien, porque te quiero”. ¿Quién no ha oído esto alguna vez durante su infancia?

El masoquismo en la Inglaterra del siglo pasado

Si rebuscáramos en la historia, encontraríamos un número sorprendentemente elevado de masoquistas en la Inglaterra de finales del siglo pasado. En aquel tiempo, en los colegios privados masculinos los castigos corporales eran totalmente normales. Los profesores repartían, generosamente, latigazos en la espalda o reglazos en la punta de los dedos de sus alumnos o les hacían ayunar confinándoles en su habitación. Un gran caricaturista de la época, Tomás Rowlandson, ilustró a los burgueses de la época en una serie de actividades sexuales poco comunes y fuertemente tintadas de masoquismo. Evidentemente, aludía a los ex alumnos de las escuelas privadas. La gran maestra de este tipo de refinamiento sexual es, sin lugar a dudas, Francia. A finales del siglo XIX, había conseguido una fama sin igual en toda Europa. Sus artistas eran célebres por sus cuadros eróticos. Era, entonces, casi una obligación para los jóvenes ingleses ir a París para completar su educación sexual. Volvían a Inglaterra con todo tipo de copias de las últimas ilustraciones eróticas de moda. Evidentemente, todos habían leído las obras del marqués de Sade.

En busca del placer

La búsqueda del placer es universal. Todos nosotros encontramos placer, en algún momento de nuestra vida, en jugar al masoquismo. Sin llegar a hacerse azotar, es fácil, e incluso puede ser agradable, jugar a ser víctima. Mucha gente encuentra un placer intenso pensando que sufre y que, no por ello, dejan de ser buena amante: valoran así su ego. En realidad, los masoquistas son muy narcisistas. Les gusta jugar a ser víctimas para así ganarse el amor o la atención de su pareja y tienen, al mismo tiempo, una actitud que significa: “Mira cómo sufro por ti. ¿Acaso no es esto una prueba de lo bueno que soy y de lo que te quiero?”

El verdadero masoquista no tiene una personalidad muy fuerte. Está dispuesto a negar su propia personalidad con tal de hacerse desagradable y poder, así, ser castigado. Tienen una gran dependencia con respecto al objeto amado o la persona que le hará gozar mediante el sufrimiento. Él masoquista, como todo ser humano, está siempre a la búsqueda de la plenitud. Aun cuando en esta búsqueda tome una vía errónea, y a veces condenable, no deja por ello de ser un ser sensible, muchas veces marcado por experiencias negativas. Intenta, como todos nosotros, encontrar el absoluto, a través de los caminos, a veces tortuoso, del amor.

FUENTE: https://www.psicoactiva.com/blog/la-historia-secreta-masoquismo/

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