Neuralgia

El palacio de mi hogar tenia una casa en un montículo, desde el que se veía el mar y la puesta de sol. Mas abajo tenia un muelle, con una esquina linda que nos miro a el y a mi saludarnos con un beso mil veces durante mucho tiempo. Mas a la derecha, tenia un rinconcito, entre agua, y arrumacos. Un pequeño rincón donde había un laguito, donde solía sentarme a pensar, mientras metía la mano bajo el agua, y escuchaba los patos platicarme.

Un faro, un puente, un pequeño bosque con una iglesia, que era para todo menos para rezar; y una pequeña isla, donde yo me sentaba en la arena a escuchar cantar al mar.

Siempre creí que era un sitio único, nacido del amor, diseñado por amor, mantenido por amor, y valorado con amor.

Era mi hogar, MI HOGAR, y nada había en Sl que se le pareciera, porque ahí había lo que no había en el 99.9% de los sitios virtuales: amor de verdad.

El sitio al que llegue era igual, pero tan diferente, tan igual, hasta en lo falso de la descripción. Mi lanchita, ya no tenia mi nombre, pero era la mía, mi burbuja en el cielo, era mía, pero no era la mía, mi teleporter, que me costo tan poco y tanto a la vez. Yo contaba los centavos, porque no era dinero mio, y procuraba invertirlo lo mejor posible. Comprarlo me hizo feliz, porque era muy moderno, y a el le alegraría lo fácil que era usarlo. Y finalmente, mi marco sobre la cama, SOBRE LA CAMA, era mi marco, nuestro marco.

Miles de veces escuche frases de shock, pero nunca me había pasado. Te baja la temperatura de golpe, te paralizas y los reflejos y los reflejos ya no llegan a tu cuerpo. No puedes hablar, no puedes llorar, no puedes gritar. Solo te quedas aturdido frente al pc, sin saber que es lo que estas mirando y lo que esta pasando.

Me sentía un monstruo de incomprensión, un ser que debía tanto que no había modo de pagar su deuda.

En ese momento me sentí el ser mas misero e insignificante de todo el mundo, tan poca cosa, tan nada.

Los hay¡ hay dolores que no te permiten llorar, porque si lo haces, sabes que va a acabar mal, muy mal.

Las fechas, las fechas tan cercanas mataron todo dentro mio, mi ser humano, mi alma, mi mente, mi todo.

No recuerdo como hice para empezar a atar cabos, para hilar fino e ir juntando las piezas del puzzle. Cada descubrimiento solo iba quitando pedazos a mi ser humano y dejándolos por el camino ensangrentado de mi vida, como huellas detrás mio. Era como si un animal se fuera comiendo mi corazón conmigo consciente, Y aun no acaba de comerselo todo. Mientras,. sigo abierta en canal, sin poder cerrar mi cuerpo.

El daño mas grande de la vida no te lo hace quien te vence, te lo hace quien te ama, o a quien amas.
Matamos lo que amamos, lo demás no ha muerto nunca.
Aquí era mi hogar, aquí donde estoy ahora. De aquí me fui intentando que con mi ausencia pudiera expiar las “grandes culpas” que sentía tenia. Aquí luche con las uñas por volver, sintiendo que de verdad era mi hogar. Eso creí siempre.

Aquí volví cuando ya no existía,siendo un ser amorfo, frió y sin aliento de vida. Que pecado tan grande cometí, que mereciendo un castigo ejemplar, fui muriendo pedazo a pedazo, sin anestesia, sin nada que menguara mi agonía.
Allá, lejos, todo es alegría, se baila se canta se vive, y las huellas de los pies descalzos van marcando senderos de sangre de mi cuerpo, sobre los que vuelven a pisar una y otra vez.

Una mirada fugaz, una sonrisa calculadora que nadie ve, un triunfo espeluznante, con un cimiento de hipocresía, que es cubierto con una capa de comprensión, de tranquilidad, de inocencia. Un trofeo donde miro los pedazos que aun escurren, ligeramente visibles y rojos por debajo del oro que reluce y hace brillar el entorno.
Me sentí mala, me sentí la peor, hoy me siento el ser mas ingenuo, el mas estúpido, el mas crédulo. Hoy siento que nunca deje de ser niña, esa niña que miraba al padre con esperanza de recibir una palabra linda, un gesto amable. Hoy soy ese niño tirado boca abajo sobre una  playa, un niño migrante, allá en el oriente, que nunca supo porque murió de esa forma.
Yo tampoco se porque, yo solo fui egoísta, poco empatica, pero nunca fui mala.
No es lo que se hizo con mi hogar, es lo que se permitió que hicieran, lo que se volvió complicidad y complacencia.

Pobrecita niña, allá en un rincón del salón, aguantándose las ganas de llorar, porque nadie le dirige la palabra, por ordenes de la maestra.

Pobrecita niña, allá escondida en un rincón, con los ojos secos, con los pecados cobrados millones de veces, con los cobradores de una vida durmiendo en santa paz. 70 años de vivir y disfrutar sin ser concientes de su crimen emocional , sin saber que esa niña pequeña,. regordeta, insegura y tan sola, sigue en su rincón, al que ha vuelto pero sin alma, sin espíritu, sin corazón, Al que volvió después de atreverse a salir al mundo, un mundo que nunca conoció realmente.
Niña mala, niña egoísta, niña insegura, niña in comprensiva, mereces que te maten, por los pecados cometidos.
Niña sin hogar, sin refugio, eso le pasa a todos los que no saben mentir, a los que no saben fingir, a los que no saben vivir sin amar.
Niña mala, mala. mala.Priscila333.jpg

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