Neuralgia

El palacio de mi hogar tenia una casa en un montículo, desde el que se veía el mar y la puesta de sol. Mas abajo tenia un muelle, con una esquina linda que nos miro a el y a mi saludarnos con un beso mil veces durante mucho tiempo. Mas a la derecha, tenia un rinconcito, entre agua, y arrumacos. Un pequeño rincón donde había un laguito, donde solía sentarme a pensar, mientras metía la mano bajo el agua, y escuchaba los patos platicarme.

Un faro, un puente, un pequeño bosque con una iglesia, que era para todo menos para rezar; y una pequeña isla, donde yo me sentaba en la arena a escuchar cantar al mar.

Siempre creí que era un sitio único, nacido del amor, diseñado por amor, mantenido por amor, y valorado con amor.

Era mi hogar, MI HOGAR, y nada había en Sl que se le pareciera, porque ahí había lo que no había en el 99.9% de los sitios virtuales: amor de verdad.

El sitio al que llegue era igual, pero tan diferente, tan igual, hasta en lo falso de la descripción. Mi lanchita, ya no tenia mi nombre, pero era la mía, mi burbuja en el cielo, era mía, pero no era la mía, mi teleporter, que me costo tan poco y tanto a la vez. Yo contaba los centavos, porque no era dinero mio, y procuraba invertirlo lo mejor posible. Comprarlo me hizo feliz, porque era muy moderno, y a el le alegraría lo fácil que era usarlo. Y finalmente, mi marco sobre la cama, SOBRE LA CAMA, era mi marco, nuestro marco.

Miles de veces escuche frases de shock, pero nunca me había pasado. Te baja la temperatura de golpe, te paralizas y los reflejos y los reflejos ya no llegan a tu cuerpo. No puedes hablar, no puedes llorar, no puedes gritar. Solo te quedas aturdido frente al pc, sin saber que es lo que estas mirando y lo que esta pasando.

Me sentía un monstruo de incomprensión, un ser que debía tanto que no había modo de pagar su deuda.

En ese momento me sentí el ser mas misero e insignificante de todo el mundo, tan poca cosa, tan nada.

Los hay¡ hay dolores que no te permiten llorar, porque si lo haces, sabes que va a acabar mal, muy mal.

Las fechas, las fechas tan cercanas mataron todo dentro mio, mi ser humano, mi alma, mi mente, mi todo.

No recuerdo como hice para empezar a atar cabos, para hilar fino e ir juntando las piezas del puzzle. Cada descubrimiento solo iba quitando pedazos a mi ser humano y dejándolos por el camino ensangrentado de mi vida, como huellas detrás mio. Era como si un animal se fuera comiendo mi corazón conmigo consciente, Y aun no acaba de comerselo todo. Mientras,. sigo abierta en canal, sin poder cerrar mi cuerpo.

El daño mas grande de la vida no te lo hace quien te vence, te lo hace quien te ama, o a quien amas.
Matamos lo que amamos, lo demás no ha muerto nunca.
Aquí era mi hogar, aquí donde estoy ahora. De aquí me fui intentando que con mi ausencia pudiera expiar las “grandes culpas” que sentía tenia. Aquí luche con las uñas por volver, sintiendo que de verdad era mi hogar. Eso creí siempre.

Aquí volví cuando ya no existía,siendo un ser amorfo, frió y sin aliento de vida. Que pecado tan grande cometí, que mereciendo un castigo ejemplar, fui muriendo pedazo a pedazo, sin anestesia, sin nada que menguara mi agonía.
Allá, lejos, todo es alegría, se baila se canta se vive, y las huellas de los pies descalzos van marcando senderos de sangre de mi cuerpo, sobre los que vuelven a pisar una y otra vez.

Una mirada fugaz, una sonrisa calculadora que nadie ve, un triunfo espeluznante, con un cimiento de hipocresía, que es cubierto con una capa de comprensión, de tranquilidad, de inocencia. Un trofeo donde miro los pedazos que aun escurren, ligeramente visibles y rojos por debajo del oro que reluce y hace brillar el entorno.
Me sentí mala, me sentí la peor, hoy me siento el ser mas ingenuo, el mas estúpido, el mas crédulo. Hoy siento que nunca deje de ser niña, esa niña que miraba al padre con esperanza de recibir una palabra linda, un gesto amable. Hoy soy ese niño tirado boca abajo sobre una  playa, un niño migrante, allá en el oriente, que nunca supo porque murió de esa forma.
Yo tampoco se porque, yo solo fui egoísta, poco empatica, pero nunca fui mala.
No es lo que se hizo con mi hogar, es lo que se permitió que hicieran, lo que se volvió complicidad y complacencia.

Pobrecita niña, allá en un rincón del salón, aguantándose las ganas de llorar, porque nadie le dirige la palabra, por ordenes de la maestra.

Pobrecita niña, allá escondida en un rincón, con los ojos secos, con los pecados cobrados millones de veces, con los cobradores de una vida durmiendo en santa paz. 70 años de vivir y disfrutar sin ser concientes de su crimen emocional , sin saber que esa niña pequeña,. regordeta, insegura y tan sola, sigue en su rincón, al que ha vuelto pero sin alma, sin espíritu, sin corazón, Al que volvió después de atreverse a salir al mundo, un mundo que nunca conoció realmente.
Niña mala, niña egoísta, niña insegura, niña in comprensiva, mereces que te maten, por los pecados cometidos.
Niña sin hogar, sin refugio, eso le pasa a todos los que no saben mentir, a los que no saben fingir, a los que no saben vivir sin amar.
Niña mala, mala. mala.Priscila333.jpg

Anuncios

L A R U P T U R A E N L A S P A R E J A S B D S M .

Les dejo un texto para quien le guste leer, a proposito de los duelos en el BDSM.

————————————————————-
¿ Y A H O R A C Ó M O T E O L V I D O ?

L A R U P T U R A E N L A S P A R E J A S B D S M .

P o r F e l i n a

“Mira tu nombre tatuado
en la caricia de mi piel,
a fuego lento lo he marcado
y para siempre iré con él “

Siento de verdad tener que tocar otro tema espinoso dentro del BDSM: la ruptura. El BDSM es mucho más que una fantasía sexual, como todos sabemos, y por lo tanto,
como la idealización de la realidad no nos prepara para lo que podemos encontrarnos, en el desarrollo de una relación auténtica, alguien tiene que bailar con la más fea, y
decir las cosas como son más allá de los tópicos.

Se han escrito ríos de tinta sobre el valor de la entrega y la aceptación de esta entrega. Obviamente, cuando uno da o recibe algo tan valioso como la libertad de otra persona,
lo menos que piensa es en que está firmando un contrato con fecha de caducidad. En el mundo vainilla, nadie se casa pensando en el divorcio y no cabe duda que las
implicaciones de un matrimonio legalmente constituido son de mayor alcance que las relaciones de D/S, puesto que estas últimas solo nos afectan en el plano privado y
personal.

Sin embargo, hay que aceptar un hecho que es obvio y es que, en nuestro entorno, las relaciones de pareja son aún más inestables que en la población general. En primer
lugar, muchas parejas BDSM tienen a su vez parejas vainilla, lo cual complica extraordinariamente la ecuación. Luego está el hecho de que muchas personas a lo largo de su vida cambian de tendencia (mayoritariamente de sumisas a dominantes) Somos así mismo, un colectivo muy abierto a probar nuevas experiencias y a relacionarnos
sexualmente con otros miembros, lo cual desde luego, no favorece la estabilidad emocional. Esto no quiere decir que no haya parejas duraderas y estables, pero, no son
ni mucho menos la mayoría y si no estás de acuerdo conmigo, mira a tu alrededor y dime cuántas conoces que lleven juntos más de cinco años.

Se apreciará que no hablo de dominantes y sumisos, hablo de parejas, sean cuales sean las tendencias de cada uno, porque lo son, vivan juntos o no. El caso de tríos o
combinaciones variadas, ya ni me lo planteo, porque son efímeros como pompas dejabon.
La entrega absoluta no es garantía de que una relación vaya a ser duradera, ni de lejos, ni para el dominante que acepta, ni para el sumiso que ofrece. No es bonito de oír, pero
es la verdad, y es bastante probable que antes o después tendrás que hacer frente a la dolorosa experiencia de una ruptura.

Quisiera dejar claro que yo no veo ninguna diferencia en cuanto a el proceso, ni en cuanto a las consecuencias, de una ruptura entre una relación vainilla y una BDSM. Si
lo pensamos con objetividad, podríamos creer que un sumiso será más dependiente de su amo que un amo de su sumiso, o que de una pareja vainilla, lo cual es radicalmente
falso. Otro mito frecuentemente difundido en nuestro círculo, es pensar que las relaciones D/S son más “profundas” que las vainilla, pero este es un pensamiento distorsionado e incorrecto. Son formas de relacionarse distintas, ni mejores, ni peores, ni más superficiales, ni más profundas y cuando se acaban, duelen de igual manera.

Para que nos pongamos en situación de lo que estamos hablando, los psicólogos
tenemos una lista de estresores vitales de mayor a menor rango, (según las estadísticas
elaboradas en cuestionarios de autopercepción y la correlación con problemas de
ansiedad y depresión) y nos encontramos en los primeros puestos la separación y el
divorcio (Holmes i Rahe 1976; Echeburua 1987)

El amor es dependencia, y el enamoramiento no difiere en nada de una obsesión. Una persona que quiere a otra, depende de ella para su bienestar, porque no podemos ser
felices al margen de las personas que amamos. Al contrario no necesariamente se cumple, ya que una persona dependiente de otra no forzosamente la quiere, ni tiene que
estar enamorada.

Un grave error que casi todos hemos cometido alguna vez, es el esforzarnos en que nos quieran. Continuamente lo veo en consulta: “¿Con todo lo que hice por el/ella, cómo es
posible que me abandone?”, “nadie le va a querer más que yo”, “tengo que luchar por recuperar su amor” y etc. La experiencia clínica demuestra sin ningún margen de dudas
que cuanto más nos esforzamos por alguien, más lo queremos. Es decir, que no cuenta lo que tú haces por una persona para que te quiera sino lo que ella hace por ti. Este es un baremo que no va a engañarte nunca sobre sus intenciones. Cuanto menos te valores a ti mismo, y más necesidad tengas de “hacerte querer”, más difícilmente encontrarás un amor duradero.

“Pensamiento emocional”, es un concepto que hace referencia a la capacidad que todostenemos de razonar no siguiendo los hechos objetivos, sino puramente nuestros
sentimientos. Aplicado al caso que nos ocupa, sería algo así como pensar: “como le quiero tanto, y hago tanto por el, no me dejará”. Evidentemente, esto no es así.

Y tampoco veo ninguna diferencia entre dominantes y sumisos a la hora de enfrentarse a la separación. Puesto que es una cuestión de sentimientos y no de orientación sexual,
sufrirá más el que esté más enamorado, ni más ni menos debido a su rol. Podríamos pensar que un sumiso que ha entregado su vida a su amo, y ha vivido para atender sus
deseos, no le dejará por voluntad propia. Pues no es así, ni mucho menos, porque las personas evolucionan, cambian y lo que ahora es entrega, mañana puede ser hastío. El
mismo dolor y confusión sentirá ese amo que es abandonado, que el sumiso que se encuentra en el caso contrario.
De lo que sí puedo dar constancia es que existen diferencias entre ambos sexos a la hora de abandonar a la pareja. Hablo en términos generales, por supuesto, porque las
verdades absolutas no existen en las Ciencias Sociales.

Los hombres tienden más a:

– Evitar afrontar el problema, alejándose cada vez más y más de la pareja,
esquivándola, pero sin terminar de dar el paso, en la esperanza de que sea la otra
persona quien se canse y se vaya.

– Plantear la necesidad de “darse un tiempo”, separarse temporalmente o salir con
otras personas, (tener otras sumisas u otras amas)

Mientras que las mujeres suelen emplear más a menudo estas otras:

– Empezar a manifestar malestar e irritación continuos, echando la culpa al otro del
propio desasosiego.

– Intentar hablar de la pareja para “arreglarlo”, decir que están “confusas” y que necesitan pensar, cuando en realidad tienen claro que no quieren seguir.

Es más frecuente que los hombres afronten directamente el deseo de separación, cuando ya han encontrado otra pareja, mientras que las mujeres dan el paso más por motivos de
realización personal o insatisfacción.

Lo más raro, aunque sería lo más honesto, es que unos y otras expresen claramente el deseo de romper. Lo más habitual, es darle vueltas y más vueltas, en un tiempo de
desasosiego que deja a la otra persona en un estado de ansiedad insostenible. No hay una manera buena de “preparar” a la otra persona para la ruptura, se haga como se haga, es doloroso, pero sin duda, cuanto más limpio es el corte, mejor sana la herida. No es honrado dar falsas esperanzas a la otra parte, jugar con sus sentimientos o utilizarla manteniendo artificialmente la relación mientras se tantea la posibilidad de una nueva pareja, aunque tampoco es fácil tener claro lo que uno quiere.

La mejor manera de darse cuenta de que el otro no tiene intención de seguir con nosotros es fijarnos en su lenguaje corporal. El distanciamiento físico es palpable en la
mayoría de los casos, la comunicación se reduce al mínimo, el sexo es insatisfactorio, se inventa cualquier excusa para no estar a solas con nosotros, quedamos y no se arregla,
no mantiene el contacto visual, no nos llama por teléfono, está irritable o triste….son síntomas que deberían alarmarnos.

En cuanto a las estrategias para recuperar a la persona que nos ha dejado, no tengo ninguna válida, si la tuviera sería rica y famosa, pero no lo soy. Estas son algunas de las
salidas más habituales.

Para los hombres:

– Perseguirla, ir tras ella, vigilarla, acosarla. No solo es ineficaz, sino que según el
grado, puede ser constitutivo delito.

– Comprarle regalos caros o vistosos.

– Prometer “cambiar”, ya que seguramente antes de la ruptura ella le ha manifestado
quejas en este sentido.

Para las mujeres.

– Dar celos con otros, lo cual es contraproducente porque para ellos seguramente sea
un alivio.

– Caer en el victimismo, intentar dar pena.

– Cambiar de estilo, intentando estar más sexy.

– Intentar la mediación de la familia o amigos. .

Hay muchas otras, pero todas son igualmente ineficaces si el otro ya no nos quiere.

Después de la ruptura, sigue un proceso de duelo que suele seguir las siguientes fases, aunque no necesariamente en este orden, ya que muchas veces se solapan o se
entremezclan:

– Negación. Aferrarse a la esperanza, creer que volverá, sentir que todo es un sueño…

– Culpa. Repasar una y otra vez qué se hizo mal, qué se podía haber cambiado, qué
razones hay para que no nos quieran.

– Ira. Que aflore la rabia es sano, es un sentimiento legítimo contra el que nos hizo daño, esta es la razón que sea tan típico que la pareja que antes ensalzamos en la fase de
enamoramiento, ahora pasemos a criticarlo duramente con las mismas personas que nos escucharon alabarlo y es bueno que sea así.

– Tristeza, un sentimiento de pérdida, más profundo cuanto más sólido fuera el
proyecto vital que teníamos con esta persona.

Y por ultimo llega la aceptación, ser capaces de hacer balance de lo pasado y encarar el futuro. Solo entonces estamos de verdad preparados para una nueva relación. Todo este, viene a durar aproximadamente un año, con muchas variaciones interpersonales, y duele muchísimo durante una época, pero luego, si la persona está
psicológicamente sana, se reestablece y comienza para ella una nueva vida.

En cuanto al que deja, no pensemos que es fácil tampoco. En la mayoría de casos, aunque ya no se quiera continuar la relación sentimental con alguien, a esa persona se la
quiere y no se desea hacerle daño. Muchas veces intentamos por todos los medios actuar de manera que causemos el menor sufrimiento posible, y es entonces cuando más daño
hacemos. Llegar a la conclusión de que se quiere romper no es fácil, es un proceso personal que requiere una claridad mental que no siempre es posible, de ahí las indecisiones y los cambios de opinión que tanto daño hacen. Tampoco es fácil cuando se duda entre dos personas ser capaces de ordenar nuestros pensamientos y sentimientos. Aparece el sentimiento de culpa por estar haciendo daño al otro, la pena
por su dolor y el rencor por atarnos a ella. Sin duda, aunque sea más doloroso, es más sencillo para la persona que quiere continuar la relación que para la que la quiere dejar,
y además está peor visto socialmente, en especial si eres mujer.

En una relación que se rompe, no podemos hablar de víctimas y verdugos, aunque sea tentador, porque cada uno tiene sus razones y ha de buscar la felicidad a su manera. Yo
siempre digo que uno es culpable de lo que hace, pero no puede evitar lo que siente. Sin embargo, sí hay actuaciones que no te aconsejo de ninguna manera, ya que duplican el
sufrimiento:

– Tener sexo o sesiones con la persona que se ha roto. Para el que rompió, es solo un juego, pero para el que es dejado, le da pie a la esperanza y sufre un desasosiego indescriptible sin saber a qué atenerse. Si le has dejado, déjalo.

– Intentar ser amigo de la otra persona. Algunas parejas lo consiguen pero solo con tiempo y distancia para pensar. Es muy bonito, pero en realidad esconde el deseo de
recuperar a la persona perdida y suele ser contraproducente. Dale tiempo al tiempo y deja distancia, deja que se enfríe. Es mejor que haya separación física siempre que sea
posible.

– Intentar vengarse de la otra persona, bien físicamente (rayarle el coche) o emocionalmente, procurando poner de su contra a los amigos comunes por ejemplo. Del amor al odio hay un paso, pero hacer que el otro sufra, no te aliviará de tu dolor.

Por lo tanto, cuando te entregas a un amo, cuando aceptas a un sumiso, debes ser de que este amor o este regalo es válido aquí y ahora, con las circunstancias presentes. “Para siempre”, no es un concepto válido que describa las relaciones humanas. Aún así, aún con el precio del desgarro que produce el desamor, vale la pena querer, vale la pena entregarse y darlo todo y más, porque la alternativa es la soledad. Y para que no creas que te habla una solterona cínica y despechada, y aunque cara a la galería me comporto siempre como ama, has de saber que yo llevo con mucho orgullo el tatuaje con la marca de mi amo Shere Khan, sin pararme a pensar ni un momento que podamos estar separados.

Quien no ha sufrido por amor, nunca ha vivido.

FUENTE: CUADERNOS BDSM N0.21

 

La_soledad_de_la_sumisa

ANUNCIO

 

Bueno, creo que es tiempo de hacerlo oficial.

Me retiro oficialmente del BDSM, con un final que ni queria, ni merecia, pero que tomo como la experiencia mas esclarecedora de mi vida.

Gracias a todos por leerme en su momento; siempre aporté y dije lo que soy, siento y apliqué. Me hago cargo de lo mio en cuanto a equivocaciones. Lo demas, el Señor tiempo lo pondrá en su lugar,

Gracias a las personas que en su momento me dieron aliento por este medio y por facebook,  via privada y de whatsapp; pero sobre todo a sumisa Carat.  Le debo la calma que volvio en la peor noche de mi vida.

Mi retiro es definitivo, aunque seguire opinando y aportando en los grupos de confianza con lo que pueda y tenga como experiencia, y mi blog seguira en funcion . Siempre le dije a Arcturus que era mujer de un solo hombre, y no voy a cambiar mi escencia, asi que no hay vuelta atras en ese sentido. Yo no juego, ni roleo ni finjo, yo VIVO.

Hago esto del conocimiento publico, pórque es asi como me eduque cuando llegue a este mundo hermoso.

Este es el dia D que jamas hubiera querido vivir, pero llegó y lo afronto. El respeto a mi misma merece mas de mi que la entrega unilateral.Mi collar quedará cerrado para lo que me quede de vida en la zona del cerebro donde tenemos los sentimientos y en mi avatar. Pero mi retiro del BDSM y mi vida futura sin un Dominante también son definitivas.

Tengo que guardar duelo por un hombre que no ha muerto, y después seguir adelante con su recuerdo.

Al hombre que descubrí hace una semana no lo conozco, así que nada tengo que decir sobre el.

No me arrepiento de nada, y todo lo doy por bueno a cambio de lo recibido. Pero hay cosas que no son buenas para mí salud emocional. Prefiero llorar por un muerto que llorar por el vivo que hoy miro.

Vendran dias horribles, pero pasaran. Lo que soy y di lo tengo yo, porque somos lo que tenemos dentro, con errores y virtudes, pero con humanidad.

Una parte de mi se murió con el Amo que conocí, y la otra está escribiendo este texto.

Tardé tres meses en entender lo que se me mostró,  pero mi tiempo y mis acciones fueron regidos por la entrega.Prefiero ser una sensible que sufre, que una insensible incapaz de sufrir. Queria luchar mas, pero no, ya no.


Gracias Comunidad, vivi lo mejor de mi vida. 

 

maleni Elan

Arcturus y maleni

La imagen tomada en Second Life, refleja el 28 de mayo del 2010, el dia que nos conocimos, y una leyenda que entre otras cosas dice que lo voy a amar hasta el dia que me cierren los ojos. Mi mayor orgullo: el inmenso amor que le tengo.

LA PRIMERA KAJIRA

El fuego adormecía a los hombres de la partida de caza, que reunidos a su alrededor, esperaban el amanecer para dar comienzo a la cacería. Faltaba apenas un ahn para que la luz, despertara sus entumidos cuerpos y los pusiera prestos tras el rastro de la presa.
Bebían algo caliente y esperaban. Rompiendo el silencio del momento, uno de los hombres, quizás el mas despierto del grupo, intentó animar a sus compañeros, pidiéndole al tarsman que los acompañaba, un relato. Tenía fama de buen narrador y en muchas ocasiones sus historias los habían mantenido despiertos en noches de vigila forzada.
-“¡Eh, tarsman! Danos algo en que pensar, hombre. ¡Cuéntanos una historia!
El tarsman dejó de mirar la danza de las llamas en la hoguera y negó con la cabeza. No era el momento, no era la hora. Pero todos los hombres a coro, comenzaron a increparle su negativa, y amenazaron entre bromas, con dejarlo solo delante de la bestia, si acaso lograban encontrarla.
No tuvo más remedio que sacudirse la somnolencia y dando un largo trago a su bebida, hablo…
Hace ya mucho tiempo, en la creación de Gor, no había Amos ni esclavas. Los hombres y mujeres eran libres e iguales, y formaban parejas para vivir en las aldeas. Las grandes ciudades, los grandes puertos, no existían. Era la primera época de Gor, así que nuestra protagonista, llevará nombre de libre, pues libre era cuando se desarrollo la historia. Se llamaba Khajeera. Vivía con su hombre en una pequeña aldea, llamada Ampakur. Algunos dicen que se emplazaba al norte de Ko-ro-ba. Otros que jamás existió. Eso ya no importa. El nombre de el, se ha perdido en el tiempo.
Ella cuidaba de la choza donde ambos vivían. El, cazaba, trabajaba el campo y cuidaba de sus posesiones. Eran tiempos de escasez y hambre, pues las bestias solo podían ser cazadas por grandes grupos de hombres, y las luchas con otras aldeas, por recursos, eran frecuentes y sangrientas. No existía el comercio entre aldeas. Ocurrió que la aldea vecina comenzó a ser hostil con Ampakur. Había incursiones nocturnas, robos y asesinatos. Los hombres de Ampakur, menos y peor pertrechados para la guerra, decidieron defenderse. Todos sabían de su debilidad en el combate, pero aun así, afrontaron valientemente la batalla. Las mujeres de la aldea mostraban su tristeza por saber, que muchos de ellos no volverían.
En la soledad de su choza, Khajeera y su hombre se besaban, tristes por los acontecimientos. Sus lágrimas se mezclaban y sus abrazos eran tan fuertes, como los que un árbol da a la tierra que lo alimenta. El, en un intento por mantener su presencia en la casa, grabó con el filo de su espada, su nombre en una de las losas de pizarra del suelo. Dicen que así nació, la piedra del hogar. Ella, se desnudó ante el por ultima vez, y se arrodilló, hermosamente, tomando una de las tiras de cuero de las sandalias de su hombre. Con gestos precisos, y usando la punta de una daga, grabó el nombre de su amado en el trozo de cuero, y luego, lo anudó a su cuello. Todo el mundo sabría así, que ella jamás lo olvidaría y que su nombre estaría siempre pegado a su piel.
Desnuda, y con el collar de cuero en su cuello, despidió a su amado a la puerta de la choza. Las mujeres de la aldea la vieron poner su mano derecha delante de sus ojos, para no ver la partida de su ser amado. Jamás volvió a saberse nada de el. Los que regresaron del combate, no supieron decir que ocurrió. Su cuerpo jamás fue encontrado. Ella, cada amanecer, esperaba en la puerta de su choza, arrodillada, ataviada con su viejo collar de cuero. Miraba hacia la entrada de la aldea y entonaba canciones.
Dicen que su hermosura era tal, que las mujeres de la aldea comenzaron a imitarla. Llevaron collares de cuero, con los nombres de sus parejas grabados en ellos, y comenzaban a servir a sus parejas, con los dulces modos que Khajeera empleaba en la espera de su amado. Ella cantaba para el, en las tardes y acariciaba el collar, hasta quedar dormida. Nadie sabe que paso después. Pero la paciencia y hermosura de Khajeera, perduran hasta hoy.
El tarsman levantó la vista, y miro a sus compañeros. Todos ellos tenían un recuerdo en sus miradas. El recuerdo de sus kajiras, esperándolos en el hogar. El tarsman sonrió y se levantó, desperezándose. Un día que comienza con el recuerdo de una kajira, es un magnífico día. En el bosque cercano, los animales saludaban la luz del sol.

El origen de la Dominación-Sumisión

Es posible que el sadomasoquismo nos atraiga debido a la capacidad del dolor para aumentar el placer, o por el subidón que nos dan las endorfinas. Sin embargo, la parte de Dominación-sumisión (DS) de las siglas BDSM no es tan fácil de explicar. Si la libertad y la autonomía personal es uno de los valores básicos de nuestra sociedad, ¿qué puede llevar a alguien a sacrificarlos sometiéndose a otra persona? Si el ideal en una relación sexual es el disfrute mutuo, ¿por qué hay personas dispuestas a entregarse sexualmente a otras?

La respuesta normal a estas preguntas sigue siendo “porque estás mal de la cabeza”. A pesar de todos los esfuerzos de la comunidad de BDSM, a duras penas se ha logrado que se excluya al sadomasoquismo como patología en los libros de diagnóstico de psicología. Los sadomasoquistas rechazamos enfáticamente la idea de que el deseo de someter o dominar proviene de un trauma infantil, pero cuando se nos piden explicaciones alternativas tenemos poco que ofrecer. Los pocos estudios que se han realizado sobre esto muestran que las personas que practican BDSM son psicológicamente más saludables que la media. Pero no sabemos por qué.

Una posible explicación es que erotizamos lo que nos da  miedo. Por ejemplo, en su podcast The Savage Podcast, el consejero sexual Dan Savage habla a menudo de cómo a los gays les gusta ser llamados “faggot” (maricón) durante el sexo, o cómo algunas mujeres feministas que luchar por empoderarse en la vida real, en la cama les gusta que las dominen. Sin embargo, esta idea nos lleva de vuelta al paradigma del trauma como explicación de la Dominación-sumisión: nos asustamos por cosas que nos pasaron en la infancia y ahora las exorcizamos reproduciéndolas en un ambiente controlado. Esa es una explicación que no me acaba de convencer.

Hace algunos años encontré una explicación para DS que la presenta como una respuesta saludable a las presiones normales de la vida, y no a un  trauma de la infancia. Esta explicación se basa en dos emociones opuestas que juegan un papel fundamental en nuestras vidas: la vergüenza y el orgullo. La vergüenza es una de las emociones más poderosas, tanto que puede llevar al suicidio. Parece ser una emoción exclusivamente humana (todavía se debate si los perros sienten vergüenza). Sin embargo, está profundamente conectada con respuestas fisiológicas como el rubor y una posición corporal en la que se deja caer la cabeza y se encorvan los hombros. También produce inmovilidad y retraimiento social. La emoción opuesta a la vergüenza, el orgullo, nos lleva a levantar la cabeza, participar socialmente y sentirnos llenos de energía. Es probable que el orgullo active el sistema de recompensa en nuestro cerebro que une el área tegmental ventral (VTA) del estriado con el núcleo accumbens, liberando allí dopamina. Esta es la misma respuesta producida por drogas adictivas como la heroína y la cocaína. Nos hace sentir bien y nos lleva a querer repetir el comportamiento que desencadenó esta respuesta.

Sus raíces fisiológicas muestran que la vergüenza y el orgullo son una parte esencial de la naturaleza humana. Probablemente evolucionaron como indicadores de estatus social: la vergüenza nos advierte que nuestro estatus social ha disminuido, mientras que el orgullo nos dice que ha aumentado. En las tribus en las que vivimos durante cientos de miles de años antes de que se formaran las sociedades modernas, el estatus social era una cuestión de vida o muerte. Un estatus social alto daba acceso preferencial a comida, seguridad, poder y sexo. Un bajo estatus social podía convertirte en un paria y condenarte a una muerte casi segura. Usando el tipo de explicación blandida por la psicología evolutiva, podemos ver por qué es así. La mayor ventaja que tenemos los humanos sobre otros animales es nuestra capacidad para cooperar. En una tribu todo se comparte: comida, protección contra depredadores, refugio y cuidado de niños. Esto crea un problema estratégico: cómo eliminar a los tramposos. El tipo que se queda rezagado en la partida de caza o la mujer que se echa una siesta en lugar de recolectar frutas tendrían ventaja evolutiva porque obtienen la misma cantidad de comida y otros beneficios con menos gasto de energía. Modelos de ordenador han demostrado que genes que potencian comportamientos egoístas se apoderarían de la población en solo unas pocas generaciones, llevándonos a involucionar de vuelta al tipo de sociedades que tienen los chimpancés, donde no se comparte comida y hay poca cooperación. Es por eso que desarrollamos comportamientos para eliminar a los tramposos. Uno de ellos es el llamado “castigo altruista”: el deseo de castigar a las personas que se comportan de forma no ética, incluso si el hacerlo no nos beneficia personalmente (de ahí el calificativo “altruista”). Se basa en emociones como la indignación y el ridículo. Sin embargo, si ésta fuera la única forma de eliminar a los tramposos eso crearía a sociedades con muchos conflictos internos, ya que habría que estar aplicando castigos continuamente. Y, aunque se castigue a los tramposos, resulta más eficaz recompensar a los cooperadores. Es por eso que las emociones de la vergüenza y el orgullo evolucionaron como motivadores internos para el comportamiento cooperativo. Cuando haces algo en contra del bien común o cuando no cumples con tu deber, la gente a tu alrededor te hacen sentirte avergonzado. Por el contrario, cuando haces algo que aumenta el bien común, eres alabado y te sientes orgulloso. Otra emoción que sirve para el control social es el sentimiento de culpa. Sin embargo, la diferencia entre la culpa y la vergüenza es que te sientes culpable cuando haces algo malo, mientras que la vergüenza también la produce el fracasar al intentar hacer algo bueno. La culpa nos dice “eres malo”, mientras que la vergüenza nos dice “no eres lo suficientemente bueno”. Es posible que evolucionaran a partir de emociones básicas distintas: la vergüenza es asco dirigido hacia uno mismo, mientras la culpa que derivaría de la ira y del miedo.

Pero entonces, ¿por qué nos da vergüenza el sexo? ¿Se trata de un fenómeno cultural, basado en la religión y otras normas sociales? Parece ser que no. En prácticamente todas las culturas el sexo se realiza en privado, y la desnudez (como mínimo, el exponer los genitales) es un tabú universal. Puede ser que el sexo, como la vergüenza, esté vinculado al estatus social. Y no sólo en humanos, sino también en otros primates. En las tribus de chimpancés, cuando una hembra entra en celo casi todos los machos la follan, pero es el macho alfa el que decide en qué orden y con qué frecuencia. En varias especies de monos el apareamiento con individuos de alto rango aumenta el estatus social. Y en otras el sexo se usa para afirmar el dominio: individuos de bajo rango ofrecen sus traseros para apaciguar a los dominantes y evitar les peguen. Y luego están los bonobos, que usan el sexo para establecer vínculos sociales y para resolver conflictos. Son promiscuos y pansexuales, y practican el sexo manual, anal y oral. Por lo tanto, ya en nuestros antepasados primates el sexo fue adoptado para usos ajenos a la mera procreación. El acto sexual puede servir para expresar muchas cosas, no solo afecto, sino también dominación. El placer asociado con el sexo nos hace sentir vulnerables y expuestos, lo que es probablemente la causa de la asociación del sexo con la vergüenza.

Controlar las emociones enfrentadas de la vergüenza y el orgullo podría haber sido una cuestión relativamente simple en las sociedades tribales de nuestro entorno evolutivo, pero se volvió enormemente complicado una vez que tuvo lugar la revolución agrícola hace 10.000 años. Antes, si cazabas una buena pieza, hacías huir al oso o recogías una canasta de frutas podías sentirte orgulloso y disfrutar de la apreciación de tu tribu. Después de la revolución agrícola, los límites de lo que se puede conseguir se ampliaron enormemente para incluir el poseer tierras y animales, o el mandar a trabajadores y soldados. Se volvió difícil el tener éxito suficiente como para sentirte orgulloso, pues siempre había alguien que era mejor que tú. Y también se ampliaron las oportunidades para fracasar y sentir vergüenza.

En nuestras sociedades industriales modernas, las cosas se volvieron aún más difíciles. Desde la infancia nos enseñan a estar orgullosos de nuestros éxitos y avergonzados de nuestros fracasos. “¡El cielo es el límite!” nos dicen. Y realmente lo es. ¡Hay tantas cosas en las que se puede triunfar o fracasar! Deportes, artes, ciencia, literatura, matemáticas…  Ganar dinero, ser famoso… Pronto interiorizamos todos estos imperativos culturales. Ya nadie tiene que recordárnoslos, cuando alcanzamos la madurez ya nos hemos convertido en nuestros jueces más duros. Y, de alguna manera, nuestros fracasos parecen contar más que nuestros éxitos. Nunca logramos conseguir lo bastante, vivimos en un estado de constante de ansiedad por triunfar. Así es como las emociones opuestas de la vergüenza y el orgullo se alían para generar nuestra autoestima. Con el tiempo, crean una narrativa interna sobre quiénes somos. Esa narrativa es nuestro ego, que continuamente tratamos de proteger apuntalando nuestro orgullo y ocultando nuestra vergüenza. Esto crea una fuerte tensión psicológica que nos hace infelices porque nunca somos lo suficientemente poderosos y triunfadores. Vivimos en una carrera continua escapando del fracaso y persiguiendo el éxito.

Aquí es donde DS viene a rescatarnos, pues nos proporciona un escape de esa carrera absurda. Lo que hace el sumiso es abandonar todo su estatus social, asumiendo el escalafón más bajo: el del sirviente, de esclavo. Encima, el obedecer órdenes le quita la responsabilidad de tomar las decisiones. El Dominante adopta la estrategia opuesta: se le otorga el estatus social más alto porque sí. El hecho de que se le sometan lo coloca en su pedestal sin tener que realizar el esfuerzo que normalmente esto requeriría. Por eso en el BDSM se habla de “intercambio de poder”: la sumisa transfiere el poder sobre su autonomía personal al Dominante. El éxito y el fracaso se eliminan de la ecuación: el sumiso le concede poder a la Dominatriz simplemente porque esto es mutuamente beneficioso. Además, todo esto adquiere un carácter sexual debido a la capacidad que tiene el sexo de simbolizar el estatus social. La sumisa no sólo entrega al Dominante su obediencia, sino que le permite usarla sexualmente para su placer.  Paradójicamente, esto se percibe como liberador en vez de opresivo, porque sirve para romper esa tensión psicológica interna creada por la vergüenza y el orgullo. La sumisión supone aceptar la vergüenza en vez de huir de ella, lo que nos libera de la lucha continua que hemos venido librando toda la vida. Quizás sea por eso que la humillación es una parte importante del DS, y es percibida como una liberación. Además, como nuestra represión internalizada es una de las barreras más importantes para experimentar placer sexual, cuando es rota gracias al intercambio de poder de la DS el placer y el orgasmo se vuelven más fáciles de conseguir.

En conclusión, la DS desata emociones poderosas ancladas en lo más profundo de nuestro pasado evolutivo. Esto sirve para desprogramar hábitos mentales que hemos aprendido desde la infancia y que están tan arraigados dentro de nosotros que nos resulta imposible escapar de ellos, incluso si nos damos cuenta de lo infelices que nos hacen. Paradójicamente, la DS se convierte así en la llave para liberarnos de esa cárcel mental.